miércoles, junio 09, 2010



Simplemente nadar


Estamos obligados a nadar,
a enarbolar braceos que no alcanzan
nunca ninguna orilla: la exigencia
del chapoteo inane, el desencanto
de batirse en un círculo de espuma
y olas crespas; la sal en el aliento,
la sed jamás resuelta en la papila,
el ardor de la lengua apelmazada.







Francisco José Martínez Morán

18 comentarios:

Óscar Santos Payán dijo...

Me encanta la foto y me encanta el poema.

tercera_espectativa dijo...

No se si es metafísica o social, pero es poesía.

Carlos dijo...

¡Bravo! El poema me gusta mucho, pero la foto me ha hecho reir más :-) ¡Muy buena!

ClothoBoBardi dijo...

ME ENCANTA!! :-)

Diego Clemén dijo...

Apuesto lo que quieras a que se trata de una foto de carné metida en un vaso de agua. Ahogarse en un vaso, por lo tanto: una afición muy nuestra, sin duda.

Un abrazo.

Gabriela dijo...

Nadar, no ahogarse... =)

Complicada dijo...

Me gusta más según avanza, porque enarbolar braceos se me enreda un poco y chapoteo me recuerda al braceo anterior. Me encanta desde "el desencanto (je), toma más ritmo y es hermoso, opresivo.

En la foto estás deformado hasta parecer real, dos en uno.

Abril dijo...

Los que no sabemos nadar... mejor ni lo pienso.

Donnie dijo...

¡Glup!

Hache dijo...

Y, además, tener que guardar la ropa. Bravo.

la tua mamma dijo...

Brutal...

Me ha venido de pronto el recuerdo de esa película de la cabeza, que tanto te gusta, de David Lynch y me ha venido un repelus por todo el cuerpo.

Anónimo dijo...

No obstante; no es que sueñe en el rumor de las palabras… ni flote en mí el susurro de alguna conclusión y su sentencia. Pensar en terminar en un arrebato de ligereza, no es deducir indiferencia hacia el fin. Solo iré a refugiarme bajo la cascada y beber de la emboscada, para no perder el temor incauto del comienzo que va declinando con la juventud. Y manotear el disparo artero de un blanco resoluto e inconcluso de quien presta oscuro oído; ejercitándome en cada sumergida para poder asechar la noche de muerte de un redimido. Y así no descansar jamás en los brillos, retomando una y otra vez la emanación fuerte e improvisada de resurgir corriendo sin parar en los ardores opacos de infinitos conteos. Para adelantarme al hoyo imaginario… para sofocar al tiempo, y fatigar olvidos.

Atentos saludos
Designi...

Antonio Azuaga dijo...

Excelente manera de definir la tarea asintótica del hombre: nadar (¿no es el mar la muerte de Manrique?) y no llegar a tierra firme nunca, aunque sigamos siendo la aproximación infinita, pero no posible, a la curva de sus playas.

Perfecto poema, Francisco.

Un abrazo.

Marisa Peña dijo...

Pues así es, estamos obligados, porque estamos y somos, y la vida nos empuja y nadar hacia una orilla es, a veces, lo único que nos da sentido.
Un abrazo

Amparo dijo...

Hola. Sobre la angustia de nadar: creo que el agua se opone a lo ensencial del hombre, que es la tierra, lo sólido, lo vertical.
Ya ves, a mí también me gusta más cuanto más avanza.

Un abrazo

Azul, camino de NuncaJamás. dijo...

Kuñao!! ese poema causa ansiedad!! ays!!

veridiana dijo...

¡ Qué bonito y que peligro no saber nadar!

Preciosa foto,estás muy guapo,pareces Superman.

Un beso

Anónimo dijo...

Qué bonitos poemas.
Tienes razón, estamos obligados a, por lo menos, intentar mantenernos a flote, a veces difícil. Hasta los buenos nadadores pierden el ritmo alguna vez.

Saludos, Puri.
Una alumna tuya de este año, encantada de haberlo sido.