lunes, junio 09, 2008

Una relectura (y todo lo demás son distracciones)

El mito de Sísifo, librito que Camus publicó en 1942, se abre con una premisa brillante: la necesidad de plantear el discurso sobre el suicidio como tema central de la Filosofía.
Por desgracia, pronto, en muy pocas líneas, se tuerce este propósito del que tanto fruto podría haberse obtenido, y así, si bien es estrictamente exacto y lúcido plantear que el suicidio debe entenderse como punto de partida de toda filosofía, atribuir (como Camus hace acto seguido) al espíritu la decisión definitiva resulta, cuando menos, apresurado e irreflexivo. La pregunta, creo, no debería ser tanto la que discrimina entre ser y dejar voluntariamente de existir, sino, más bien, una del tipo ¿por qué la sociedad emplea tanto afán en disuadirnos del suicidio?

Camus, errando por ese camino (al que desemboca, mucho me temo, por el mero afán de epatar al lector medio), llega a la conclusión de que Kafka (sobre todo en El Castillo, y tras la experiencia de El Proceso) plantea en sus textos una humildad individual y terrena, necesariamente esperanzadora, de la existencia. Sin embargo, ni lejanamente es así: parafraseando a Cioran, los personajes de Kafka han tenido el inconveniente de nacer en relatos basados en las reglas sociales más profundas de nuestra cotidianeidad, con lo que el suicidio está prohibido de antemano, ni siquiera se insinúa. De todo el catálogo de opciones, la decisión absoluta sobre la propia vida se descarta.

Para un optimista que confíe a pies juntillas en la libertad esto supone mucho más que un mero atisbo de esperanza, pero la obra de Kafka no puede interpretarse de tal manera. Nadie tiene por qué proyectar su alegría de vivir en los demás, del mismo modo que se extralimita quien interpreta de forma tan interesada los relatos que le desasosiegan.

Si leemos lúcidamente El Castillo, sin reparos ni melindres, llegaremos a la certidumbre de que el mundo es un territorio aplastado por la desesperanza. Un lugar opaco en el que incluso el remedio del suicidio se valora en términos de rendición o vergüenza.

29 comentarios:

ana dijo...

querido, me gusta mucho este texto.Es una joyita.El suicidio es una pancreatitis del ánimo.Al menos, yo lo veo así.Todo termina putrefactiendóse.Besotes.

ana dijo...

Pero no nos pongas estos textos, aunque sean sobre la libertad del hombre (Camus dixit) que nos asustas...

Carlos G. Casares dijo...

Por algún lado leí a alguien dando gracias a las grandes obras pesimistas de la literatura por aumentar sus ganas de vivir.
A mí me pasa un tanto, soy un asqueroso optimista, hasta lo impúdico, pero me encanta leer sobre la desesperación del mundo y escribirlo debe ser la apoteosis de esto mismo.
Un saludo!!!

amparo dijo...

¿Así que sería tan vergonzoso dejarse vivir como querer matarse?

Quien escribe nos arrastra a su territorio, blanco o negro.

Por otro lado, recuerdo que para las distintas culturas la norma sobre el suicidio no ha sido, ni mucho menos, la misma (Ramón Andrés: La Historia del suicidio en Occidente)

Otra mirada sobre Sísifo: Andrés Neuman, Sísifo.

Yo no creo en la libertad. Sí conociéramos mejor cómo funciona el cerebro, sobrarían muchas preguntas.

Pero c... ¿No era esto un blog visuallll???

Jo, qué bien escribes.

Betty B. dijo...

Desde la sociedad y la religión se condena porque se entiende que el suicida decide sobre algo que no es enteramente suyo. Es un acto de rebeldía y un pecado. Personalmente es más fácil entender un suicidio “con móvil”: debido al dolor, a la enfermedad, a una pérdida… a algo humanamente comprensible. Nos dejan sin saber qué decir, sin embargo, esas curiosas modas japonesas por las que los adolescentes se citan a través de Internet para suicidarse juntos. Sin motivos, sin desesperación, sin nada. Esa nada me aterra. Que no nos encuentre, porque estar, está ¿El que la mira es un valiente o un cobarde? ¿O sólo un loco? Qué pasa cuando no es literatura.
Buen tema para el lunes, da gusto.
El texto es impresionante, de todas maneras, pero ten piedad.

Davido dijo...

"Si te quieres matar, ¿por qué no te quieres matar?
¡Ah, aprovecha! que yo, que tanto amo la muerte y la vida,
si osase matarme también me mataría...
¡Ah, si osaras, osa!
¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes externas
al que llamamos mundo?
¿La cinematografía de las horas representadas
por actores de convenciones y poses determinadas,
el circo polícromo de nuestro dinamismo sin fin?
¿De que te sirve tu mundo interior que desconoces?
Tal vez matándote, lo conozcas finalmente...
Tal vez acabando, comiences...
Y, de cualquier forma, si te cansa ser
¡ah, cánsate noblemente!
¡y no cantes como yo la vida por borrachera,
no saludes como yo la muerte en literatura!

¿Haces falta? ¡Oh sombra sutil llamada gente!
Nadie hace falta; no haces falta a nadie...
Sin ti todo saldrá sin ti.
Tal vez sea peor para otros existires que te mates...
Tal vez peses más durando que dejando de durar...

¿El pesar de los otros?...¿Tienes remordimientos anticipados
de que te lloren?
Descansa: poco te llorarán...
el impulso vital apaga las lágrimas poco a poco,
cuando no son de cosas nuestras,
cuando son de lo que ocurre a los otros, sobre todo la muerte,
porque es la cosa después de la cual nada ocurre a los otros...

Primero es la angustia, la sorpresa de la llegada
del misterio y de la falta de tu vida hablada...
después el horror del ataúd visible y material,
y los hombres de negro que ejercen la profesión de estar allí.
Después la familia velando, inconsolable y contando anécdotas,
lamentando entre las últimas noticias de los periódicos de la noche,
interseccionando la pena de que hayas muerto con el último crimen...
y tú mera causa ocasional de aquel plañimiento,
tú verdaderamente muerto, mucho más muerto de lo que calculas...
mucho más muerto aquí de lo que calculas,
aunque estés mucho más vivo más allá...
Después la retirada negra hacia la sepultura o cueva,
y después el principio de la muerte de tu memoria.
Hay primero en todos un alivio
de la tragedia un poco incómoda de haberte muerto...
después la conversación se aligera cotidianamente,
y la vida de todos los días reemprende su día...

Después, lentamente te olvidaste.
Sólo eres recordado en dos fechas, aniversariamente:
cuando hace años que naciste, cuando hace años que moriste.
Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Dos veces al año piensan en ti.
Dos veces al año suspiran por ti los que te amaron,
y alguna que otra vez suspiran si por casualidad se habla de ti.

Encárate en frío, y encara en frío lo que somos...
Si te quieres matar, mátate...
¡No tengas escrúpulos morales, recelos de inteligencia!...
¿Qué escrúpulos o recelos tiene la mecánica de la vida?
¿Qué escrúpulos químicos tiene el impulso que genera
las savias, y la circulación de la sangre, y el amor?
¿Qué memoria de los otros tiene el ritmo alegre de la vida?

Ah, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre,
¿no ves que no tienes absolutamente ninguna importancia?

Eres importante para ti, porque es a ti a quien sientes.
Eres todo para ti, porque para ti eres el universo,
y el propio universo y los otros
satélites de tu subjetividad objetiva.
Eres importante para ti porque sólo tú eres importante para ti
Y si eres así, oh mito, ¿no serán los otros así?

¿Tienes como Hamlet, el pavor de lo desconocido?
¿Pero qué es lo conocido? ¿Qué es lo que tu conoces,
para que llames desconocido a algo en particular?

¿Tienes, como Falstaf, el amor grasiento de la vida?
Si así la amas materialmente, ámala más aún materialmente:
¡vuélvete parte carnal de la tierra y de las cosas!
Dispérsate, sistema físico-químico
de células nocturnamente conscientes
por la nocturna consciencia de la inconsciencia de los cuerpos,
por la gran colcha que no-cubre-nada de las apariencias,
por el césped y la hierba de la proliferación de los seres,
por la niebla atómica de las cosas,
por las paredes arremolinadas
del vacío dinámico del mundo. . ."

Álvaro de Campos

gran apología (caricatura) del suicidio aunque yo creo su efecto es el contrario, le quita hierro al asunto y todo el romanticismo o la importancia al hecho de suicidarse...

Antonio Azuaga dijo...

Las concepciones deterministas son, muchas veces a pesar de las intenciones de sus defensores, rigurosamente religiosas. Negar en el hombre la palanca de la libertad supone, quiérase o no, corroborar una estructura de índole superior en la que lo más a que podemos aspirar es a ser lectores suyos primero y disciplinados reproductores de su mandato después. Tanto da que esta lectura se haga en el vuelo de las aves o en sus vísceras para interpretar y controlar el destino, como en las probetas de los laboratorios para aislar la feniletilamina y equilibrar su abundancia en los enamorados excesivos (que opositan a la condición de suicidas con notable facilidad). No voy a entrar en cuál de los dos procedimientos es más eficaz, simplemente digo que uno y otro parten del mismo postulado: el ser ya “está hecho”, ya “está escrito” desde siempre en un código que se revela “a” o se desvela “en” el hombre. Esta “creencia” o “axioma” (según sea el tinte que queramos dar a nuestra actitud ante la vida) se acaba más o menos con Kant, porque con él se diferencia claramente el “conocer” del “hacer”, y al primero, encima, se le confiere un notable papel activo: no conocemos “lo que es”, sino “el conocimiento nuestro de lo que es”. A partir de ahí vino la debacle.
Como todo, por tanto, es cuestión de fe o de postulado, tan indemostrable aquélla como éste, yo prefiero la “fe” (disonante según veo) en la libertad. O si se quiere, la de un Dios que me pone ante el mundo con la tarea de hacerlo y la exigencia de mi responsabilidad. Una instrucción básica y bastante familiar resuena en mis oídos: “Muchacho (mi Dios tiene una zumba entrañable), esto es lo que hay, “todo” lo que ocurra con “esto que hay” es cosa tuya; déjate de buscar empedrados a los que echar la culpa o predestinaciones mías que te liberen de ti mismo”. Una carga pesada, sin duda, que la filosofía asumió a regañadientes como si dijera: “Pero, bueno, si nada hay que leer, si todo hay que hacerlo, ¿qué pinto yo aquí?, ¿qué sentido tiene la existencia de esencias tan precarias o totalmente vacías? Y aquí es donde se hizo un lío con la muerte en Heidegger, con Dios en Sartre o con el suicidio en Camus, sin ir más lejos.
Pero el suicidio no soporta el análisis de la razón, eso es meterse en camisa de once varas, ir por lana y volver trasquilado. El suicidio es una decisión personal, no la conclusión de ninguna premisa. El absurdo tiene su paisaje en la literatura, en el arte; no en la coherencia pretendida de ningún escenario de ideas. En mi opinión, haces una acertadísima reflexión, pero disiento radicalmente de algunas consideraciones. Por ejemplo de lo que pareces querer indicar en el tercer párrafo. La libertad, la creencia en la libertad, no tiene nada que ver con el optimismo: son variables independientes y se miden en unidades distintas. Puestos a rizar el rizo, te diría que el determinismo está mucho más cerca del “buen humor”: lo que pasa es porque tiene que pasar, yo no tengo nada que ver en ello, así que… carpe diem. Aunque esto es igualmente inexacto.
Felicitaciones por la entrada y disculpas por el rollo.
Un abrazo.

Vanlat dijo...

Se acabó. Ya está bien.
La Dra. Vanlat a su servicio le receta: Una Su un Milione una vez al día, preferiblemente al acostarse; Let's make a night... a media tarde; Puede ser tantas veces al día como sea necesario (mínimo de tres)...
Atentamente,
Dra. Vanlat
(sin titulación conocida)

ana dijo...

¡sabía que el texto era de Álvaro de Campos¡jajaja

Don Álvaro, yo prefiero a Caeiro...:-(

samsa777 dijo...

Queridos amigos:

Tengo, sin duda, unos lectores estupendos y fidelísimos. Todas vuestras entradas valen oro y, si no fuera tan vago, debería abrir un blog en el que ellas fuesen las entradas y no las glosas. Simplemente, quería aclarar que este es un fragmento (tendría que haber puesto [...] al principio y al final) de un ensayo mucho más largo que estoy escribiendo desde hace un par de meses sobre Kafka. Quería ver cómo funcionaba y esto me anima a seguir adelante con la kafkiana (en todos los sentidos) tarea que he emprendido.

Ana: estoy, por problemas técnicos, sin mess. Te debo un correo. Gracias por tus comentarios y tu agudeza/Caeira jejeje No te preocupes: ya sabes que narrador y escritor ocupan puestos distintos del esquema jejejej Besotes.

Carlos: me alegra tu optimismo, es una buena contrapartida para los que operamos desde el lado contrario. Un fuerte abrazo. Charlamos pronto, espero.

Amparo: sin comentarios a tu comentario. Simple, directo, perfecto. Las referencias las conocía, pero igual ahora las hago encajar con otros pasajes. Muchísimas gracias por venir siempre. Un beso.

Sigo más abajo...

samsa777 dijo...

betty b. Me apiadaré: en los próximos días, anuncios y temas ligeros ¡Prometido! Un beso y gracias por la perspectiva del vacío, la nada y la extrañeza.

Davido: con el permiso de Ana, que viva Campos, que viva Caeiro y, sobre todo, como tú sabes, Soares. Este texto es una joya. Me encanta. Sólo Pessoa podía hacerlo y tú, regalármelo. Un fuerte abrazo.

Antonio: por supuesto que no es ningún rollo, en absoluto. Ya sabes que yo, como Amparo comentaba antes, soy también un poco (o muy) determinista. Tu análisis es fantástico, un texto contundente y bien fundamentado. Claro que no estoy de acuerdo con el sentido del postulado, pero por ejemplo coincidimos (tal vez llegando desde vías distintas, pero lo hacemos) en la crítica al concepto de absurdo de Camus. Espero que si algún día este rollo (el mío sí lo es) ve la luz enterito, comprendas algunos cabos sueltos que, obviamente, quedan en lo que digo. Sólo quería precisar algo: cuando digo "Para un optimista que confíe a pies juntillas en la libertad esto supone mucho más que un mero atisbo de esperanza", no establezco una igualdad entre optimismo y libertad, sino que digo que son categorías que pueden coincidir en casos como el de Camus, no por regla general. Muchísimas gracias y un abrazo.

Vanlat: en tu blog te respondo, pero aquí va un adelanto... ¡GRACIAAAAASSSSS!

ana dijo...

Hay suficiente metafísica en no pensar en nada.

;.D

veridiana dijo...

Me encanta los temas que eliges.Sigue así.
Para mi el suicidio es una liberación y un acto muy valiente.( ponerlo en práctica otra cosa)
En Japón hay un lugar con un cartel:" Monte de los suicidios". Me impresionó.
Un beso

gloria dijo...

Si,increible lo que dice Veridiana. Leí que los sacerdotes japoneses maldicen de lo terreno siguiendo este prurito de todos los sacerdotes, y para denigrar la inquietante futilidad de nuestro mundo lo llaman " mundo de rocío "
Saludos

Julio Castelló dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Julio Castelló dijo...

"Pollo con ciruelas", de Marjane Satrapi. Muy ilustrativo sobre el tema. Y muy iraní.

ana dijo...

me cago en mi teclado toshiba que me hace estar tan pendiente de las letras que me desplaza los acentos. Odio.

nawja dijo...

Para mi el suicidio es un acto de cobardía.

Y para mi, un cobarde no se merece respeto.

Besicos.

soperos dijo...

algunos animales dejan de alimentarse en el último tramo de sus vidas. nosotros lo podemos hacer en cualquiera de sus tramos angostos o hipersensibles... pero señalaría, aquí, la verdadera diferencia, la salpicadura. nosotros no sabemos gestionar la conmoción o el comentario de segundos y/o terceros. no sé decir mucho más. ah, sí, besos!

òscar.

Hernán Díaz de Leyre dijo...

En multitud de expedientes judiciales se opta por explicar muchos suicidios como lapsos de locura. En general, las causas no suelen quedar claras.

Es interesante al respecto un libro titulado "La muerte y otros mundos enfermedad, suicidio, muerte y más allá entre los vaqueiros de alzada", de María Cátedra Tomás.

Un saludo,

Hernán

Davido dijo...

"... la metafísica es una consecuencia de hallarse
uno indispuesto."

A. de Campos :P


Desde luego, Álvaro normalmente andaba indispuesto :)

yo no sé a quien prefiero, depende del día... me cambio de sombrero... ¿y que me decís de Ricardo Reis "su elegante tristeza lúcida"?

"Girasoles siempre,
mirando al sol
de la vida nos iremos
tranquilos, teniendo,
ni el remordimiento
de haber vivido."

....sombrero blanco.

ana dijo...

http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2008/06/el-desierto-y-su-semilla-jorge-barn.html

ana dijo...

yo sigo siendo fan de Caeiro.Tengo la tesis de que su tuberculosis fue inducida porque su poesía llegaba al todo.Claro que me gustan todos los heterónimos, hombre, don David.:-)

grande dijo...

muChO jUeGo De SaLón, SaM... ¿"lIbrito" Camus? hÁzteLo Mirar...

GrandE!!!

la tua mamma dijo...

Ha dejado de llover, el sol se levanta,los pajaritos cantan, achupé, achupé...¡Optimismo por favor! Sabes de sobra que de Camus me gusta "El extranjero" y que no soporto a tu adorado Kafka (a pesar de la amenaza de excomunión que pesa sobre mí desde hace años. Me sumo a seguir docilmente la receta de la doctora.

samsa777 dijo...

Gracias siempre, Ana. Good luck!

Gracias, Veridiana. Como habrás comprobado, es un tema que no a todos le agradó. Besos. Gracias, Gloria, por exactamente lo mismo: fidelidad en las visitas y comentarios acertadísimos. Deberíais abrir un blog, no me canso de decirlo jejejej Besos.

Nawja: recuerdo que este tema salió un día por la muerte de Ledger, ¿recuerdas? Ya entonces vimos que nuestra opinión no coincidía jejejejej ¡Gracias por venir y ánimo con la vuelta al trabajo!

La salpicadura..., gracias, Òscar: me has traído a la mente una nueva perspectiva que me toca biográficamente muy de cerca. Le daré una vuelta... ¡Gracias!

Bienvenido, Hernán. Gracias por la referencia y suerte con tu blog. La merece: fantástico inicio el tuyo. Un saludo.

Davido: acabo de ver un reportaje de RTVE sobre Pessoa... del 1988, ¿lo conoces? Saramago casi, casi parece joven... ¡Gracias, un abrazo!

Grande: con lo bien que estabas tú retirado jejejejej No, en serio: gracias, paradójicamente, por poner algo de cordura en todo esto. Saludos grandes.

Mamma: te digo lo mismito que a Grande, salvo por lo del retiro: a ver qué tal se te da el barrio. Un besazo.

JOSE IVAN SUAREZ dijo...

Hola, Francisco, soy Iván y de momento no quiero suicidarme, espero que te guste GNOMON, yo quiero vida en vena, o como tu dices: "Te necesito absurda y despiadada, // para saciar mis ansias innombrables. // Te necesito oscura y rencorosa, // porque yo mismo soy rencor y sombra"-

un honor compartarir colección,

un saludo.

Fernando Sarría dijo...

o sea, muramos en lo oscuro...que esto da asco...bueno...por si acaso que vengan a buscarme...abrazos.

javier dijo...

Simplificar a Kafka siendo sólo "literatura desesperada" para "lectores desesperados" es una simplicidad. Claro que no es la alegría de la huerta, pero no es un loco moribundo,sólo escribía, creaba. Si vas a escribir sobre kafka (aunque imagino que los conoceras) te recomiendo:K. de Calasso y Testamentos traicionados de Milan Kundera.

Y al resto recordar la literatura es ficción, no tenemos que reconocernos en todo lo que se escribe, no simplifiquemos, por favor.